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Era una niña nada linda pero muy empática con sus parientes. Sin embargo, tenía rizos de oro y orejas de gnomo travieso. Su madre se trastocó nada más verla y empezó a silbar una vieja canción antigua de ensalmo.
¿Sabías que cada 19 de julio miles de personas sacan la lengua en señal de fiesta? Sacar la lengua siempre lo atribuimos a la mala educación, o que estás haciendo burla, a la irreverencia, pero no siempre debe ser negativo.
En mis días de fiesta intento levantarme más tarde de la cama y hago un buen desayuno. Planifico los días que saldré con mis amigos o familiares y me pongo a llamar por teléfono a mis contactos a ver quién puede salir.
La sensatez es la capacidad de pensar y considerar en las circunstancias lo que está bien de lo que está mal y actuar de forma correcta. En el día a día y con los años parece que las personas, la mayoría, han perdido la cordura.
Me gustaría encontrar un pequeño espacio donde haya paz, tranquilidad, silencio…, reencontrarme a mí misma, llegar al éxtasis profundo, vaciar mi mente, disfrutar del momento plenamente.
Casi no ha habido una familia tan feminista como aquella en la que crecí de niña. La abuela con pantalón, allá por los setenta; la madre trabajando toda la vida sin faltar ni un solo día al trabajo; la tía enfermera de la Seguridad Social, mis cuatro hermanos anti-iglesia y anti-matrimonio para no ceder en nada al machismo.
En mi vida hay personajes que me han marcado, ofreciendo una serie de buenos momentos con su buen humor. Las personas que me han hecho pasar buenos ratos ha sido gente que con su carisma te hacen la vida algo más alegre.
Cuando alguien piensa o actúa diferente que los demás, es un bicho raro; incluso un incomprendido. Esto no está muy bien visto. Vivimos en una sociedad en la que debes seguir un modelo establecido, por ejemplo, ser universitario, casarte, tener hijos. Si prefieres hacer un módulo o no tener hijos ya tienes la etiqueta colgada de bicho raro.
Para mí, la felicidad es plenitud y autenticidad. Nunca se cansan de repetirnos que la auténtica felicidad significa tener un piso, un pequeño coche, dos hijos y un buen trabajo.