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(Blog) ¿Propósitos o sueños?

toleranceA medida que se acerca final de año, muchas personas hacen propósitos para cumplir, retos para lograr en el año que está a punto de empezar. Porque los humanos somos así, necesitamos fechas señaladas para reflexionar, para comprometernos, para celebrar la vida, para empezar nuevos proyectos, para cerrar etapas y emprender nuevas… Da igual si esto es racional o no, lo importante es que aprovechamos aquella ocasión para marcarnos objetivos, para decidir sin miedo, para coger las riendas de nuestra vida, para dejar de funcionar con el piloto automático.

Escrito por: Marta Abad

 

En mi caso, han sido los momentos más duros de mi vida los que me han empujado a cambiar hábitos, a redefinir mi vida, a hacer cambios que, en ocasiones, han representado prácticamente una mutación de mi persona. Precisamente porque deseo que nadie tenga que esperar a sufrir tanto de dolor para ser amo de su vida, os animo a que estos días reflexionéis sobre aquello que querríais de vuestra vida.

En este sentido, la sociedad actual nos empuja a perseguir y tratar de lograr un éxito que podríamos tildar de material o externo: cursar una carrera universitaria de prestigio, conseguir un trabajo muy estable y bien pagada, comprar un piso, etc. Evidentemente, una persona ultra racional y con necesidad de seguridad como yo, no será quien diga que tener cimientos económicos sólidos no ayuda en la vida. Ahora bien, ¿esta seguridad financiera lo es todo? Personalmente, creo que “únicamente” nos ahorra dolores de cabeza, es decir, no nos suma alegría o calor en el corazón.

Una de las cosas que siempre he envidiado de personas que he conocido a lo largo de mi vida es la vocación. Trabajar o dedicarse a aquello que el corazón nos dicta tiene que ser un sentimiento muy placentero. Yo descubrí la que creo es mi vocación tarde, demasiado para el esfuerzo que representaba empezar de cero. O, mejor dicho, creo que lo sabía mucho antes pero ignoré este llamamiento en pro de otros aspectos como una supuesta mejor vida o, quien sabe si también, el miedo a no llegar a ser una buena profesional. Opté por un camino fácil por así decirlo, supuestamente más socialmente deseable. Pero esta elección ha marcado mi vida y no precisamente en positivo. Muchísimas veces me he reprochado y me reprocho no haber seguido mi deseo profesional. Cuando pienso, siento el dolor de la tristeza y de haberme fallado a mí misma.

Pero, ¿qué puedo hacer ahora? No se me ocurren muchas cosas que no sean estériles más allá de ser valiente en aquellas decisiones que todavía pueda tomar en la vida; quizás ya no en el ámbito profesional pero sí en otros. Cómo apuntaba más arriba, esto no quiere decir que apueste por el desmadre y el romanticismo en las decisiones de mi vida, pero sí que trato de alinearlas con mis valores, necesidades y anhelos.

No tendría que ser necesario recordar a nadie que estos deseos son personales y no tienen, ni mucho menos, que estar alineados con los deseos de la mayoría. No, en ningún ámbito de nuestras vidas. Muchas veces he tenido que escuchar comentarios del tipo “¿cómo puede ser que no te guste viajar?”. Tengo muchos defectos, pero no se me ocurriría decirle a nadie “¿cómo puede ser que no te guste leer?”, a pesar de que es una de mis grandes pasiones, si no la más grande. Planea tu camino vital en función de tu esencia, no en función de aquello que los otros o la sociedad espera de ti. No es egoísmo, es una responsabilidad hacia ti mismo. Además, creo que, en cierto modo, cada cual de nosotros tiene un potencial único que puede poner al servicio del mundo. No todos estamos llamados a lo mismo. ¡Ni mucho menos!

Sería ideal que siguiéramos este llamamiento o esta serie de llamamientos íntimos en el día a día de nuestras vidas pero es francamente complicado y, en ocasiones, agotador. Agotador porque la sociedad pesa mucho y porque, nadar a contracorriente requiere de mucha energía, voluntad y sacrificio. Entonces, definir nuestros objetivos, metas y retos de cara al nuevo año se convierte en una buena ocasión para ser fieles a nuestro llamamiento interno. Como apuntaba más arriba, sin sacrificar grandes cosas, sin poner en riesgo nuestra estabilidad física o emocional, sin generar dolor en otros…nada de esto no es necesario y, de hecho, no tendría ningún tipo de sentido.

Si sois, pues, de aquellos que hacen propósitos para el año nuevo, pensáis en aquello que, llenándoos el corazón os genera más sonrisas y os hace mejores personas, por lo tanto, también suma felicidad al mundo. No dejéis pasar más años, más días con vuestros sueños congelados. La vida va pasando, no se para.

¡Mis mejores deseos para Navidad, para 2022 y para la vida!

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